el género humano logró lo que tanto deseaba
¡Acabar con todo!
El astro Rey arrojó bolas de fuego de diversos colores
y con su inquebrantable carácter, se negó - y fue tajante- a seguir prodigando calor a un planeta en ruinas ...
un planeta aniquilado por sus propios habitantes.
Por su parte la luna adolorida, derramó lágrimas plateadas
y tanta era su tristeza que fué presa de la angustia y el dolor.
Sin embargo, aquéllos pequeños astros luminosos, lindas estrellas,
adornos de la bóveda celeste, no aceptaron la terrible realidad,
y henchidas de amor y de esperanzas, unieron sus fuerzas con
gran coraje y de cada una de ellas fueron surgiendo notas musicales,
formando una gran orquesta celestial.
Las notas musicales fueron lanzadas al centro de la Tierra con tal fuerza, que no hubo rincón que no vibrara.
Los animales y las plantas revivieron, pero los seres humanos...
jamás volvieron a poblar la Tierra.
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